Grecia al borde del abismo

El mismo día en el que el CIS situaba a Podemos como segunda fuerza política en España, delante del PSOE, el BCE ponía a los pies de los caballos a Tsipras y a su inefable ministro de finanzas, Yanis Varoufakis, al anunciar que, a partir del próximo 11 de febrero, dejará de aceptar los bonos griegos como garantía en las operaciones de política monetaria del Eurosistema.

Al día siguiente, por la mañana, el ministro de finanzas alemán, Wolfgang Schäuble, rechazaba rotundamente la propuesta de su homólogo griego de disolver la troika y de abrir un periodo de cuatro meses para la renegociación del plan de reformas acordado con el anterior gobierno griego. Por la tarde, el Presidente Hollande respaldaba de forma inequívoca la decisión del BCE.

¿Alguna sorpresa? En absoluto, la respuesta del BCE y de los gobiernos alemán y francés eran las únicas posibles y, por ello, perfectamente previsibles.

¿Y a partir de ahora? Las cosas van a desarrollarse a una velocidad de vértigo.

El día 11 —coincidiendo con el inicio de la suspensión de la aceptación de los bonos griegos como garantía decretada por el BCE—, el Eurogrupo se reunirá con Varoufakis para dejarle muy claro que cualquier ayuda adicional pasa por la petición de un nuevo rescate, es decir, de un préstamo obviamente “con condiciones” a la troika, que deberá estar negociado y firmado el 28 de febrero.

Y el día siguiente, el 12, en la Cumbre Europea, Tsipras tendrá que optar por aceptar las reglas del Eurogrupo, a costa de incumplir todas sus promesas electorales, o por elevar su órdago y plantear la salida de Grecia de la UE, posibilidad prevista en el artículo 50 del Tratado de Lisboa.

No es descartable que Tsipras caiga en el error de amenazar, de forma más o menos velada, con un acercamiento a Rusia o a China. Una pirueta infantil, que en las circunstancias políticas actuales, con el telón de fondo de Ucrania, terminaría por convencer a los líderes europeos de la necesidad de separar cuanto antes a un socio que podría llegar a convertirse en un peligroso caballo de Troya de Rusia o de China en la UE.

Tsipras y su asesor Varoufakis, un experto en teoría de juegos que, al parecer, hace estragos entre las progres maduras, han cometido el inmenso error de desafiar públicamente la disciplina de la Eurozona, sin la cual el euro es imposible.

La salida de Grecia del euro no plantea problema alguno que el BCE no pueda resolver de un plumazo, y nunca mejor dicho, porque, a estas alturas, la deuda griega no son más que anotaciones contables sin valor alguno, porque es cierto que es muy difícil que Grecia pueda pagarlas. Sería una solución que, lejos de debilitar el euro, lo consolidaría, en la medida que enviaría al mundo un mensaje muy claro  de la voluntad de la Eurozona de mantener férreamente, sin la menor fisura, la disciplina del euro.

El programa electoral de Syriza, un auténtico despropósito demagógico, no podía tener otra respuesta distinta a la que va a tener.

El proyecto europeo ni puede quedar, ni va a quedar, al albur del voto, hoy, de dos millones de griegos a Syriza, y, mañana, de no se sabe cuántos españoles, a Podemos. La democracia se basa en el respeto a la voluntad mayoritaria de la población, libremente expresada, de, en este caso, 420 millones de europeos.

¿Grecia fuera del euro? Con toda seguridad, si Tsipras no da marcha atrás y lo reconoce públicamente, asumiendo el coste político que ello supone.

¿Relajación de las condiciones pactadas con la troika? Es harto improbable que se acepten las decisiones anunciadas unilateralmente por Tsipras nada más llegar al gobierno, lo cual no significa que no se pueda plantear una fórmula de ayuda humanitaria, destinada exclusivamente a resolver las necesidades más críticas de la población griega. Ni Europa es insensible a las injusticias sociales, ni la Merkel es el ogro que pinta la izquierda mediática. La Merkel es tan necesaria para el proyecto europeo, que si no existiera, habría que inventarla.

Varoufakis dijo en Alemania que el nuevo gobierno griego se propone hacer una reforma fiscal para que paguen más los que más tienen —lo mismo que dice Podemos aquí, en España—. La contestación, obvia, de Schäuble, que muy bien, que aplaude esos buenos propósitos, y que cuando aumente la recaudación volvemos a hablar, pero que de momento no se puede aumentar el gasto a cuenta de más cuentos y promesas.

¿El futuro de Podemos en España? Si hacemos caso al refrán que dice que “cuando las barbas de tu vecino…”, es muy probable que los resultados del último barómetro del CIS hayan marcado un techo en su intención de voto y que, a partir de ahora, veamos una caída progresiva hasta llegar a un nivel similar, tal vez un poco mayor, al que históricamente ha obtenido la extrema izquierda en España, porque como dice otro refrán popular “aunque la mona se vista de seda, mona se queda”.

Y es que todo está escrito en el refranero popular.

 

 

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Gerardo Ortega

Gerardo Ortega ha sido Presidente del Consejo General de Colegios de Economistas de España (1982-1989), Presidente del Registro de Economistas Auditores (1982-1984) y Decano del Colegio de Economistas de Madrid (1991-1999)

Comentarios (2)

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    Claves Económicas (a)

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    Es lo que suele suceder cuando el pequeño se cree más grande de lo que es.

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    Abogadojr

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    El pez grande se come al pequeño…

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