El riesgo Podemos (I)

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Cuando España comienza a doblar el cabo de las tormentas de la mayor crisis económica desde la terminación de la segunda guerra mundial, se encuentra con un horizonte político cubierto de nubarrones que amenazan con arruinar en muy pocos meses todos los logros conseguidos en tres años de esfuerzos para salir de la crisis.

El agravamiento de la pulsión secesionista catalana y la aparición de un nuevo partido, de corte populista, Podemos, que pretende poner patas arriba el sistema político y económico que ha permitido construir un sistema de protección social equiparable al de muchos países europeos, son dos factores objetivos de riesgo para el futuro de la economía española que no pueden ignorarse en este blog que pretende facilitar a sus lectores las claves económicas de nuestro presente y de nuestro futuro como sociedad.

El auge del secesionismo catalán y del populismo político son dos caras de la misma moneda que utilizan el mismo mensaje: “Espanya ens roba”, “la casta nos roba”. Un mensaje muy simple pero de efectos contundentes sobre una sociedad empobrecida por la crisis económica y comprensiblemente harta de la corrupción política aireada hasta la náusea en las tertulias televisivas dedicadas al agitprop más descarado contra el Gobierno y el partido que lo sustenta y a favor de los líderes de Podemos.

Ni el inesperado éxito de Podemos en las últimas elecciones europeas ni la presencia continua y privilegiada de sus líderes en los debates políticos de las televisiones privadas, explican la proyección de este partido y las expectativas de su líder máximo que ya se ve formando gobierno tras las próximas elecciones generales. El factor decisivo de esas expectativas han sido la serie de encuestas demoscópicas que han coincidido en augurarles unos resultados muy importantes en esas elecciones.

¿Son creíbles esas encuestas?

La respuesta es no. Lo cual no significa que no puedan acertar. Desde el punto de vista estrictamente técnico es imposible conceder credibilidad alguna a unos pronósticos basados en unos cálculos, la llamada “cocina”, que se mantienen en la reserva más absoluta, una práctica oscurantista, propia de los augures medievales, absolutamente rechazable en la ciencia moderna.

La última encuesta del CIS, la más reconocida, se basa en 2.500 entrevistas domiciliarias realizadas en unas horas en las que la mayoría de los trabajadores están fuera de su domicilio.

La encuesta recoge la opinión manifestada por los encuestados, ni siquiera su opinión real. La diferencia entre los porcentajes de encuestados que manifiestan haber votado al PP en las últimas elecciones generales y los votantes reales, un indicador contundente del sesgo de la encuesta y de la necesidad de ampliar el tamaño de la muestra, se resuelve diciendo que “los votantes del PP ocultan su voto porque se avergüenzan de haberlo votado”, sin pararse a pensar que si una parte significativa de los encuestados han mentido en ese punto a los encuestadores, pueden haberlo hecho todos en otros puntos.

¿Pueden corregirse esos “problemillas” en la cocina posterior?

No, si se pretenden conseguir un margen de error y un nivel de confianza razonables. La aritmética de variables aleatorias es relativamente compleja y, en la mayoría de los casos, lleva a resultados carentes de utilidad alguna por su falta de fiabilidad.

La forma de presentación de los resultados de las encuestas tampoco ayuda a facilitar su comprensión. La mezcla de los porcentajes de intención de voto directa, el voto muestral, y de voto estimado, tras pasar por la cocina, junto al resto de los resultados, sin cocinar, lleva, por ejemplo, a la paradoja de que los líderes más valorados no sean los líderes de los partidos más votados, etc., etc. que se explica fácilmente porque se están comparando peras, datos cocinados, con manzanas, datos no cocinados.

Todo lo dicho hasta aquí no tiene otro propósito que advertir de la posibilidad de que la visión que nos ofrece la lupa de las encuestas sobre Podemos puede estar convirtiendo un diminuto ratoncillo en un ratón gigantesco, y que los nubarrones que ahora percibimos sobre el futuro de nuestra economía por el auge de esta formación política no sea más que una nubecilla, que se desvanezca rápidamente en cuanto concreten sus propuestas políticas y económicas y tengan que debatirlas con el resto de los partidos.

Sea como sea, lo cierto es que las posibilidades de gobernar de Podemos son prácticamente nulas, a no ser que consigan los diez/once millones de votos necesarios para alzarse con una mayoría parlamentaria absoluta, algo altamente improbable en una sociedad madura como la española que no es razonable suponer que esté dispuesta a seguir al abismo al flautista de Hamelín.

Las razones por las que es prácticamente imposible que Podemos acceda al gobierno en las próximas elecciones, aunque consiga una mayoría minoritaria, y los riesgos de la deriva secesionista catalana, serán objeto de análisis en las próximas entregas de este Blog que, como ya se ha dicho, pretende ayudarles a entender las claves económicas de nuestro futuro.

Imagen | Wikipedia

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Gerardo Ortega

Gerardo Ortega ha sido Presidente del Consejo General de Colegios de Economistas de España (1982-1989), Presidente del Registro de Economistas Auditores (1982-1984) y Decano del Colegio de Economistas de Madrid (1991-1999)

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