Piketty no tiene razón

Las fuentes utilizadas por Piketty para elaborar las series estadísticas sobre la riqueza que utiliza en su libro, han sido los bancos de datos fiscales de los diferentes países analizados, sobre los impuestos sobre la herencia y el patrimonio, en los que existe.

Por ello, reflejan las valoraciones fiscales de la riqueza heredada y, en algunos países, no en todos, de la riqueza generada, que deben depurarse adecuadamente para eliminar los efectos en los cambios de la legislación tributaria, y que, en todo caso, pueden diferir sustancialmente de las estimaciones de la riqueza real -no solo de la declarada a las autoridades fiscales-, calculadas con criterios económicos, a precios de mercado.

Jason Furman, presidente del Consejo de Asesores Económicos de Obama, ha dicho sobre los datos relativos a los Estados Unidos utilizados por Piketty en su libro, lo siguiente:

“There are a lot of issues with volatility, systematic measurement error that results from using administrative tax data in an environment of changing tax policies, and definitional nuances around what should be classified as labor or capital income.

Es un problema importante pero muy inferior al que supone la pasmosa debilidad conceptual y teórica del modelo analítico que propone.

Decir que la desigualdad r g  es, nada menos, que la contradicción central del capitalismo y la fuerza fundamental de divergencia en el proceso de distribución de la riqueza, es una auténtica barbaridad. La desigualdad r > no es la causa de nada, es la consecuencia matemática de que la tasa de crecimiento de las rentas del capital (r) sea superior a la tasa de crecimiento de los salarios (s), porque g es una combinación lineal de r y s.

Cuando Piketty dice en su libro que la desigualdad r > g es una realidad histórica que puede ser la norma en el siglo XXI, lo que está diciendo realmente es que la desigualdad r > s es una realidad histórica que puede ser la norma en el siglo XXI.

En el caso de España, no ha sido así, al menos, en los últimos 15 años.

El cuadro y el gráfico siguiente muestran la evolución de las tasas de crecimiento de los salarios (s) y de las rentas netas del capital, excedente de explotación neto, (r), de la economía española, desde el año 2000 hasta el 2013, ambos inclusive.

 

r mayor que s

 

Como puede comprobarse, la tasa de crecimiento de los salarios (s), en línea azul, ha sido superior a la tasa de crecimiento de las rentas del capital (r), en línea roja, en 9 de los 15 años analizados, la tasa promedio de crecimiento de los salarios en los quince años analizados —seis de ellos en crisis—, ha sido el 4,0 %, 0,4 % más que la tasa de rendimiento del capital que fue del 3,6 %.

¿La desigualdad económica ha aumentado en España en esos quince años? Sí.

¿Cuál ha sido la causa fundamental del aumento de la desigualdad? El crecimiento del paro.

¿Dónde ubica Piketty la variable Paro en su análisis? No la considera.

¿Y la variable relativa a la diferencia creciente entre los salarios más altos y más bajos que tanto afecta a la desigualdad económica? No la tiene en cuenta.

¿Y los movimientos migratorios, el envejecimiento de la población, la mejora de los sistemas públicos de protección social, que son factores fundamentales a considerar en cualquier análisis mínimamente riguroso sobre la desigualdad? Tampoco las incluye.

Para Piketty, la desigualdad r > g, es la condición necesaria y suficiente para generar y alimentar mecánicamente un proceso de acumulación capitalista de consecuencias análogas a las anunciadas por Marx en el siglo XIX, aunque por razones diametralmente opuestas.

En lo que sí acierta Piketty, es cuando escribe lo siguiente:

“la historia de las desigualdades depende de las representaciones que se hacen los actores económicos, políticos y sociales, de lo que es justo y de lo que no es, de las relaciones de fuerza entre esos actores y de las elecciones colectivas que resultan de ello; es el producto conjunto de todos los actores interesados”.

Piketty dibuja un escenario de confrontación de intereses contrapuestos que podría haber modelizado, por ejemplo, mediante la teoría de juegos, para determinar si las estrategías contrapuestas de los actores económicos, políticos y sociales pueden converger o no hacia  una situación de equilibrio estable, equilibrio de Nash. Pero no lo ha hecho. Tal vez porque sabe perfectamente que la solución que suele sugerir la teoría de juegos en caso de conflicto de intereses, es la negociación de los puntos de desencuentro.

Y eso es lo que ha sucedido históricamente y sucede todos los días en todas las economías de libre mercado, en las que las negociaciones entre empresarios y sindicatos han permitido trasladar a los trabajadores una parte muy sustancial de los beneficios del desarrollo económico.

Pero decir lo obvio -que los sindicatos constituyen un factor esencial para la estabilidad a largo plazo del sistema capitalista de libre mercado y propiedad privada-, no es rentable, no da lugar a un best-seller.

De momento, los nostálgicos de Marx van a tener que seguir esperando.

 

 

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Gerardo Ortega

Gerardo Ortega ha sido Presidente del Consejo General de Colegios de Economistas de España (1982-1989), Presidente del Registro de Economistas Auditores (1982-1984) y Decano del Colegio de Economistas de Madrid (1991-1999)

Comentarios (1)

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    abogadojr

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    Excelente blog, pero este post demasiado técnico…qué tal una explicación a la alcance de los profanos?

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